Coccopalmerio avala la comuni√≥n sacr√≠lega para ad√ļlteros: Francisco y yo ‚Äėsiempre pensamos lo mismo‚Äô

ROMA, 3 de marzo de 2017 (LifeSiteNews)
Vatican Conservatives– El cardenal del Vaticano encargado de interpretar la ley de la Iglesia est√° defendiendo un libro que public√≥ el mes pasado en el que dice que los cat√≥licos en las llamadas uniones irregulares “deben recibir” la Sagrada Comuni√≥n.
El Cardenal Francesco Coccopalmerio, Presidente del Pontificio Consejo para la Interpretaci√≥n de los Textos Jur√≠dicos, dijo a Ed. Pent√≠n que cuando habl√≥ con el Papa Francisco “sobre estas cuestiones siempre pensamos lo mismo”.
Cuando Pentin preguntó si no sería mejor para las parejas en pecado objetivo detener la situación de pecado por completo, respondió:
¬ŅC√≥mo puedes detener todo esto si eso da√Īa a la gente? Es importante que esta persona no quiera estar en esta uni√≥n, quiera salir de esta uni√≥n, quiere irse, pero no puede hacerlo. Hay dos cosas que juntar: Quiero, pero no puedo. Y no puedo – no por mi propio bien, sino por el bien de otras personas. No puedo por el bien de otras personas.
Si los dos pueden vivir juntos como hermano y hermana, eso es genial. Pero si no pueden, porque esto rompería la unión, que debería conservarse para el bien de estas personas, entonces se las arreglan de la mejor manera posible.
Cuando se les preguntó directamente si estas parejas tienen que cambiar su estilo de vida antes de recibir la Comunión, él respondió que no.
No, tienen que cambiar su intención, no su estilo de vida. Si esperas a que alguien cambie su estilo de vida, ya no absolverás a nadie. Es la intención. Quiero cambiar aunque sepa que no puedo.
Coccopalmerio no estaba de acuerdo en que permitir que los cat√≥licos “casados de nuevo” reciban la Comuni√≥n ser√≠a una posible fuente de esc√°ndalo para otros.
Cuando Pentin pregunt√≥ a Coccopalmerio si m√°rtires como Santo Tom√°s Moro murieron en vano defendiendo la indisolubilidad del matrimonio, el Cardenal dijo que no era “capaz de explicarte bien” por qu√© alguien morir√≠a por esto.
El Juicio Particular
Si alguno dijere que los mandamientos de Dios son imposibles de guardar, aun para el hombre justificado y constituído bajo la gracia, sea anatema [Concilio dogmático de Trento].
¬†1661 Dz 893 Can. 11. Si alguno dijere que la sola fe es preparaci√≥n suficiente para recibir el sacramento de la sant√≠sima Eucarist√≠a, sea anatema. Y para que tan grande sacramento no sea recibido indignamente y, por ende, para muerte y condenaci√≥n, el mismo santo Concilio establece y declara que aquellos a quienes grave la conciencia de pecado mortal, por muy contritos que se consideren, deben necesariamente hacer previa confesi√≥n sacramental, habida facilidad de confesar. Mas si alguno pretendiere ense√Īar, predicar o pertinazmente afirmar, o tambi√©n p√ļblicamente disputando defender lo contrario, por el mismo hecho quede excomulgado [cf. 880].
Cap. 7. De la preparación que debe llevarse, para recibir dignamente la santa Eucaristía
1646 Dz 880 Si no es decente que nadie se acerque a funci√≥n alguna sagrada, sino santamente; ciertamente, cuanto m√°s averiguada est√° para el var√≥n cristiano la santidad y divinidad de este celestial sacramento, con tanta m√°s diligencia debe evitar acercarse a recibirlo sin grande reverencia y santidad [Can. 11], se√Īaladamente leyendo en el Ap√≥stol aquellas tremendas palabras: El que come y bebe indignamente, come y bebe su propio juicio, al no discernir el cuerpo del Se√Īor (). Por lo cual, al que quiere comulgar hay que traerle a la memoria el precepto suyo: Mas pru√©bese a s√≠ mismo el hombre (1Co 11,28).1647 Ahora bien, la costumbre de la Iglesia declara ser necesaria aquella prueba por la que nadie debe acercarse a la Sagrada Eucarist√≠a con conciencia de pecado mortal, por muy contrito que le parezca estar, sin preceder la confesi√≥n sacramental. Lo cual este santo Concilio decret√≥ que perpetuamente debe guardarse aun por parte de aquellos sacerdotes a quienes incumbe celebrar por obligaci√≥n, a condici√≥n de que no les falte facilidad de confesor. Y si, por urgir la necesidad, el sacerdote celebrare sin previa confesi√≥n, confi√©sese cuanto antes [v. 1138 s].
Catecismo Mayor:
494.- ¬ŅSe satisface al segundo y tercer mandamientos con una confesi√≥n o comuni√≥n sacr√≠legas?
РQuien hiciese una confesión y comunión sacrílega no satisfaría al segundo y tercer mandamientos de la Iglesia, porque la intención de la Iglesia es que recibamos estos sacramentos para el fin que fueron instituidos, que es nuestra santificación.
Papa Pío VII
-Tan grave es el divorcio que incluso el juez que lo declara comete pecado mortal
Todo divorcio, entre cristianos todav√≠a vivos, en cuanto supone la disoluci√≥n del v√≠nculo conyugal leg√≠timamente contra√≠do y confirmado, no es otra cosa que un grave atentado, si no contra el derecho natural (sobre lo cual disputan entre s√≠ los escol√°sticos), s√≠, por lo menos, contra el derecho divino positivo escrito, como claramente ense√Īa el Santo Concilio de Trento (sess. 24, Doctr. de Sacr. Matr.), y abundantemente demuestra Benedicto XIV en el De Synodo Dioec. lib. XIII, cap. 22, ¬ß 3 y siguientes. Por lo cual, todo proyecto de ley, que afirme y disponga ese atentado, es por su propia naturaleza, inv√°lido y nulo, es m√°s violencia que ley (D. Th. 12, q. 46, a. 4), m√°s propiamente es una corrupci√≥n de la ley, puesto que trata sobre una cuesti√≥n puramente sagrada por instituci√≥n divina y por esta raz√≥n superior, y como tal, fuera del √°mbito de cualquier potestad terrena: lo cual, por a√Īadidura, contradice manifiestamente a la ley divina, ante la que debe inclinarse y ceder toda potestad humana; por lo cual antes que nada sucede que abusan de una autoridad que no tienen, no menos el legislador de quien procede esta corrupci√≥n, que el juez, que la sirve y la aplica a los casos particulares, y lleva a cabo su cumplimiento: lo que es lo mismo que pecar mortalmente, el primero por usurpaci√≥n de potestad, y el otro por usurpaci√≥n de juicio: (Leonard. Lessius De Iust. et Iur. Duben. Lib. 2, cap. 29, p. 288). (P√≠o VII. De la Instrucci√≥n Catholica nunc, del Santo Oficio, a los Prefectos de las Misiones de Martinica y Guadalupe, 6 de julio de 1817)

Papa Pío IX

  • P√≠o IX recuerda las amonestaciones de San Juan Cris√≥stomo sobre el pecado de contraer nupcias prohibidas

Por √ļltimo, San Juan Cris√≥stomo ense√Īa constantemente que el matrimonio es siempre indisoluble, cuando reprueba de plano, como contrarias a la ley evang√©lica, las leyes civiles que permiten el divorcio. Escribe as√≠: ‚Äú¬ŅPues qu√© le diremos a qui√©n nos habr√° de juzgar, cuando lea p√ļblicamente la ley inspirada diciendo: mand√© no casarse con la mujer repudiada, declarando que eso es adulterio. C√≥mo, pues, te has atrevido a contraer nupcias prohibidas?‚ÄĚ (P√≠o IX. Instrucci√≥n Difficile dictu, de la Sagrada Congregaci√≥n para la Propagaci√≥n de la Fe, a los Obispos greco-rumanos, 1858)

Santo Tom√°s de Aquino

  • No consigue la gracia quien por su culpa se sujeta a la servidumbre del pecado

Quien se sujeta a los sacramentos de Cristo consigue la gracia por la propia virtud de ellos, para no estar bajo la ley sino bajo la gracia, a no ser que por su culpa se sujete a la servidumbre del pecado. (Santo Tom√°s de Aquino. Comentario a la Carta a los Romanos, lec. 3, Rom 6, 11-18)

Papa León XIII

  • Obligaci√≥n pastoral de preservar la santidad del matrimonio

Cristo, por consiguiente, habiendo renovado el matrimonio con tal y tan grande excelencia, confió y encomendó toda la disciplina del mismo a la Iglesia. La cual ejerció en todo tiempo y lugar su potestad sobre los matrimonios de los cristianos, y la ejerció de tal manera que dicha potestad apareciera como propia suya, y no obtenida por concesión de los hombres, sino recibida de Dios por voluntad de su fundador. Es de sobra conocido por todos, para que se haga necesario demostrarlo, cuántos y qué vigilantes cuidados haya puesto para conservar la santidad del matrimonio a fin de que éste se mantuviera incólume. Sabemos, en efecto, con toda certeza, que los amores disolutos y libres fueron condenados por sentencia del concilio de Jerusalén. (León XIII. Carta encíclica Arcanum Divinae Sapientiae, n. 9, 10 de febrero de 1880)

Fundamento del matrimonio cristiano

Tomaos el mayor cuidado de que los pueblos abunden en los preceptos de la sabidur√≠a cristiana y no olviden jam√°s que el matrimonio no fue instituido por voluntad de los hombres, sino en el principio por autoridad y disposici√≥n de Dios, y precisamente bajo esta ley, de que sea de uno con una; y que Cristo, autor de la Nueva Alianza, lo elev√≥ de menester de naturaleza a sacramento y que, por lo que ata√Īe al v√≠nculo, atribuy√≥ la potestad legislativa y judicial a su Iglesia. Acerca de esto habr√° que tener mucho cuidado de que las mentes no se vean arrastradas por las falaces conclusiones de los adversarios, seg√ļn los cuales esta potestad le ha sido quitada a la Iglesia. Todos deben igualmente saber que, si se llevara a cabo entre fieles una uni√≥n de hombre con mujer fuera del sacramento, tal uni√≥n carece de toda fuerza y raz√≥n de leg√≠timo matrimonio.¬†(Le√≥n XIII. Carta enc√≠clica Arcanum Divinae Sapientiae, n. 24-25, 10 de febrero de 1880)

Papa Pío IX

  • Las uniones fuera del matrimonio son concubinato

Pero ning√ļn cat√≥lico ignora o puede ignorar que el matrimonio es verdadera y propiamente uno de los siete sacramentos de la ley evang√©lica, institu√≠do por Cristo Se√Īor, y que, por tanto, no puede darse el matrimonio entre los fieles sin que sea al mismo tiempo sacramento, y, consiguientemente, cualquier otra uni√≥n de hombre y mujer entre cristianos, fuera del sacramento, sea cualquiera la ley, aun la civil, en cuya virtud est√© hecha, no es otra cosa que torpe y pernicioso concubinato tan encarecidamente condenado por la Iglesia; y, por tanto, el sacramento no puede nunca separarse del contrato conyugal. (Denzinger-H√ľnermann 2998. P√≠o IX. Alocuci√≥n Acerbissimum vobiscum, 27 de septiembre de 1852)

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