Bergoglio le ha dado la espalda a los presos politicos que combatieron contra la subversi√≥n marxista-leninista y ha apoyado a los grupos subversivos marxistas de la Argentina.

Miles de presos pol√≠ticos esperan ser liberados en Argentina: Hay presos pol√≠ticos en las peores condiciones en las c√°rceles argentinas que han llegado a tal condici√≥n por el s√≥lo hecho de que fueron escogidos por los Kirchner para dar un escarmiento, para que ‚Äėnunca jam√°s‚Äô, en lugar de ser una frase de defensa de los derechos humanos, se convierta en una se√Īal de terror para los defensores de la libertad.

Mientras Bergoglio recibe con los brazos abiertos  a las marxistas, abortistas pro gay, profanadoras de la Catedral de Argentina, este le ha dado la espalda a los presos politicos que combatieron contra la subversión marxista, que mueren en condiciones precarias en las cárceles de  Argentina. Entretanto manda rosarios a la cárcel, para apoyar a la pagana subversiva, adoradora de la Pachamama,  líder marxista, pro-gay, Milagro Sala, acusada de los delitos de fraude al Estado, asociación ilícita y extorsión, una delincuente a la que los marxistas tratan  como si fuera una presa política.

otro rosario

Ninguno de esos marxistas, después de los encuentros privados, que han tendido con Bergoglio en el Vaticano, han dado muestra de arrepentimiento, sino todo lo contrario, han quedado confirmados en su militancia marxista, en su malicia y en su rebelión contra Dios.

bergoglio confirrmando a las marxistas revista

Francisco y el Terrorismo Marxista – Xavier De Bouillon

Francisco recibe a Hebe de Bonafini sin que ella se arrepienta y no quiere recibir ni a las Víctimas del Terrorismo Marxista ni a los Familiares de los Presos Políticos en Argentina.

a) Francisco recibe a Hebe de Bonafini sin que ella se arrepienta de su solidaridad con el terrorismo nacional e internacional ni pida perdón por sus ofensas al Papa Juan Pablo II y a la Iglesia;
b) Francisco no quiere recibir, a pesar de los m√ļltiples pedidos que se le han hecho, a las V√≠ctimas del Terrorismo marxista ni a los Familiares de los Presos Pol√≠ticos.

travesti lavatorio Apostata Bergoglio

Travesti disfrazado de Mujer.

Aquel que se arrodilla para  lavarle  los pies a los presos ya sean  travestis o musulmanes, vemos que  su inclinación marxista le impide ocuparse de los propios presos politicos que claman justicia en las cárceles de Argentina, .

bergoglio maduro.jpg

marxistas unidos en Argentina

En la Argentina el Marxismo se ha apoderado de las iglesias, por ejemplo en la iglesia Santa Cruz, que Bergoglio profan√≥ para enterrar a su amiga y mentora¬†marxista, Esther Ballestrino, cada a√Īo ¬†se profana la iglesia honrando al grupo de los 12¬†marxistas secuestrados¬†, que¬†fueron enterradas en los predios de la Iglesia por¬†razones¬†¬†pol√≠ticas. La iglesia fue nombrada monumento nacional por motivos pol√≠ticos izquierdistas.¬†Durante los aniversarios los¬†marxistas instigadores de odio, ¬†se enorgullecen de haber castigado y mandado a la c√°rcel a sus opositores.¬†¬†Los marxistas¬†veneran la estatua inventada¬†de una “virgen campesina embarazada” a la que disfrazan con el¬†distintivo¬†pa√Īuelo y le llama la “virgen de la memoria”.

profanacion de la iglesia santa-cruz

Las marxistas fueron secuestradas en la iglesia Santa Cruz donde llevaban a cabo sus reuniones clandestinas.  La pagina izquierdista  Página/12 escribió en el 2004.

Durante 1977, Mateo Perdía, párroco de la Iglesia de la Santa Cruz que pertenecía a la Comunidad Pasionista, de orientación progresista, abrió las puertas de la congregación para recibir a las Madres de Plaza de Mayo y familiares de desaparecidos que allí se reunían.

Bergoglio ha estado encubriendo¬† el grupo marxista de las madres de la Plaza de Mayo, por ejemplo cuando ellas ¬†se tomaron la¬†Catedral¬†para protestar y p√ļblicamente dijeron que hab√≠an utilizado el altar como ba√Īo publico.¬† Bergoglio en lugar de defender los derechos de la Casa de¬†Dios,¬†¬†defendi√≥ a las marxistas¬†negando la profanaci√≥n.

¬†Ante este encubrimiento de Bergoglio ¬†e impunidad de la profanaci√≥n, muchos fieles cat√≥licos argentinos¬†se quejaron p√ļblicamente en su momento.

parroquia-santa-cruz

hebe-bonafini-catedral

marxistas madres de la plaza de mayo

bergoglio defiende a las profanadoras marxistas

Para los presos politicos que combatieron contra la subversi√≥n marxista-leninista no hay “misericordia” bergogliana ni los famosos lavados de pies bergoglianos¬†en las c√°rceles.

Quien no cuida de los suyos, como advierte San Pablo ese tal  ha renegado de la fe y es peor que un infiel. (Cf.  1 Timoteo 5:8 )

La traición de Bergoglio comenzó en la Argentina.

Bergoglio est√° excomulgado Latae sententiae por colaborar con el marxismo.

Dr. Antonio Caponnetto lunes, 31 de mayo de 2010
MARXISTAS BUENOS Y CAT√ďLICOS MALOS

En plena concordancia con lo hasta aqu√≠ exhibido ‚ÄĒreiter√©moslo: una pseudohumildad grotesca y un criptojuda√≠smo vergonzoso‚ÄĒ Bergoglio saca a relucir su tercera obsesi√≥n. Consiste la misma en mostrarse ponderativo y encomi√°stico con los enemigos de la Iglesia, omitiendo todo el vejamen y todo el da√Īo inmenso que los mismos le han infligido y le siguen infligiendo a la Esposa de Cristo. En el trazo maniqueo de su criterio ‚ÄĒque √©l pretende encubrir bajo las apariencias de lo ecu√°nime‚ÄĒ a este polo de positividad s√≥lo puede opon√©rsele uno de sim√©trica negatividad; y el mismo, curiosamente, est√° encarnado en los cat√≥licos. No en todos, claro, sino en los ‚Äúfundamentalistas‚ÄĚ. Hablemos claro: en los cat√≥licos ortodoxos.

Un primer ejemplo de bondad enemiga lo constituye Esther Balestrino de Careaga.

Para quienes no lo sepan, esta mujer ‚Äďjunto con todo su grupo familiar- era una activa militante del terrorismo marxista, procedente del Paraguay. Bajo el sos√≠as de ‚ÄúTeresa‚ÄĚ integr√≥ las primeras c√©lulas que constituyeron la Agrupaci√≥n Madres de Plaza de Mayo, recibiendo hasta hoy los homenajes laudatorios incesantes de la desaforada Hebe de Bonafini. (cfr. vg.)

No creemos que en la Argentina del presente haya un solo ciudadano que necesite que se le explique ‚ÄĒcualquiera sea su posici√≥n ideol√≥gica‚ÄĒ cu√°l es la verdadera misi√≥n que han cumplido y cumplen las llamadas ‚ÄúMadres de Plaza de Mayo‚ÄĚ. Su adscripci√≥n a la guerrilla marxista internacional, y no s√≥lo argentina, es expl√≠cita, frontal, sostenida, virulenta y particularmente belicosa.

Pero para Bergoglio, esta ‚Äúsimpatizante del comunismo‚ÄĚ (sic) se trat√≥ de ‚Äúuna mujer extraordinaria‚ÄĚ, a quien ‚Äúquer√≠a mucho [‚Ķ] Me ense√Īaba la seriedad del trabajo. Realmente le debo mucho a esta mujer [‚Ķ] Fue raptada junto con las desparecidas monjas francesas. Actualmente est√° enterrada en la Iglesia de Santa Cruz‚ÄĚ (p√°g. 34). ‚ÄúTanto me ense√Ī√≥ de pol√≠tica‚ÄĚ (p√°g. 147-148).

Iniquidades de los tiempos de los que Su Eminencia deber√° rendir cuentas. No hay templos que alberguen los cuerpos acribillados de los civiles o militares cat√≥licos a quienes abati√≥ el odio criminal del Comunismo. Pero una iglesia puede ser entregada a las bandas erpianas y montoneras, para que la conviertan en su basti√≥n y en su cementerio. Y el responsable de tama√Īa profanaci√≥n lo vive como un logro y una fiesta.

La segunda bondad encarnada es, para Bergoglio, la mism√≠sima Bonafini. Los periodistas se la mencionan d√°ndole pie para alguna observaci√≥n cr√≠tica, para alg√ļn llamado tenue de atenci√≥n, para alg√ļn m√≥dico tir√≥n de orejas, habida cuenta de la aversi√≥n patol√≥gica que esta infame mujer viene desplegando desde hace d√©cadas, cada vez con m√°s desenfreno e insolencia.

‚ÄúHay tambi√©n quienes ven actitudes de revanchismo‚ÄĚ, le espetan los escribas. ‚ÄúPor caso, la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini‚ÄĚ. Lo que le est√°n queriendo preguntar es, en suma, si actitudes rencorosas y vengativas como la de este monumento al odio ‚Äúayudan a la b√ļsqueda de la reconciliaci√≥n‚ÄĚ (p√°g. 139). Y se lo est√°n inquiriendo, no un par de macartistas, sino dos mascarones de proa de la izquierda nativa, de los tantos que hoy se sienten perturbados ante esta abisal frankenstein que han creado y ya no pueden controlar.

El Cardenal no admite las premisas impl√≠citas y expl√≠citas contenidas en el interrogante de los reporteros. Quien ya ha hecho el elogio de los desaparecidos, como si la condici√≥n de tal probara su inocencia y la justicia de su causa, justificar√° ahora plenamente a Bonafini: ‚ÄúHay que ponerse en el lugar de una madre a la que le secuestraron sus hijos y nunca m√°s supo de ellos, que eran carne de su carne; ni supo cu√°nto tiempo estuvieron encarcelados, ni cu√°ntas picaneadas, cu√°ntos latigazos con fr√≠o soportaron hasta que los mataron, ni c√≥mo los mataron. Me imagino a esas mujeres, que buscaban desesperadamente a sus hijos, y se topaban con el cinismo de autoridades que las basureaban y las ten√≠an de aqu√≠ para all√°. ¬ŅC√≥mo no comprender lo que sienten?‚ÄĚ (p√°g. 139).

Hubo otras muchas mujeres ‚ÄĒesposas, madres, hijas, novias, hermanas‚ÄĒ a quienes los m√ļltiples reto√Īos de Bonafini asesinaron a mansalva. Mujeres cuyo dolor no subsidi√≥ el Estado, cuyo luto no financi√≥ la Internacional Socialista, cuyo llanto no rentaron los terrorismos estatales sovi√©tico o cubano, cuya venganza monstruosa no prohij√≥ el oficialismo, cuyo rencor sat√°nico no respald√≥ la jurisprudencia del Poder Mundial. Para estas mujeres heridas, an√≥nimas y silentes, a quienes las actuales autoridades ‚Äúbasurean‚ÄĚ, Su Eminencia no tiene una palabra de comprensi√≥n ni de consuelo. Tampoco para los cientos de soldados arbitrariamente detenidos por la tiran√≠a kirchnerista, detr√°s de cada uno de los cuales existen otras muchas centenas de mujeres ‚Äďcat√≥licas pr√°cticas en gran n√ļmero- a quienes se les ha cercenado la jefatura del hogar.

Hay m√°s ‚Äúbuenos‚ÄĚ previsibles nombrados al pasar. Angelelli, Mugica, los palotinos, las monjas francesas, los curas tercermundistas con el Padre Pepe Di Paola a la cabeza (p√°g. 106), los grandes heresiarcas ‚ÄúHesayne, Novak y De Nevares‚ÄĚ (p√°g. 140), los ‚Äúte√≥logos de la liberaci√≥n‚ÄĚ que ‚Äúse comprometieron como lo quiere la Iglesia y constituyen el honor de nuestra obra‚ÄĚ (p√°g. 82), los redactores de ‚ÄúNuestra Palabra y Prop√≥sitos‚ÄĚ, publicaciones ambas del Partido Comunista (p√°g. 48), y hasta el mism√≠simo Casaroli, a quien insensatamente pone de ejemplo (p√°g. 78), omitiendo que fue el art√≠fice de aquella siniestra y ruinosa felon√≠a denominada Ostpolitik. Para el glorioso Cardenal Mindszenty (cada llaga recibida en las c√°rceles comunistas lo nimb√≥ de gloria) Casaroli era la imagen negra y enlodada de la ‚ÄúIglesia de los Sordos‚ÄĚ, negociadora ruin de la sangre m√°rtir. Para Bergoglio, Casaroli es un modelo de la ‚ÄúIglesia Misionera‚ÄĚ (p√°g. 78).

‚ÄúHelada y laboriosa nader√≠a, fue para este jesuita‚ÄĚ la Barca de Pedro, dir√≠a Borges de Su Eminencia, perdonando por contraste y post mortem a Graci√°n. Porque en rigor, tanto sorprende la g√©lida conducta con la que encomia a los peores lobos, como la nadidad a la que reduce a quienes deber√≠a tener por arquetipos, si fuera un verdadero creyente. Los √≥ptimos, para el obispo, est√°n cruzando la raya de la Iglesia y confrontando con Ella.

Al fin, y como anticip√°bamos, si los buenos de la cinematograf√≠a bergogliana son todos rojos, aquellos pasibles de reproches y de acrimonias son ciertos cat√≥licos claramente identificables como tradicionalistas, o simplemente cat√≥licos, apost√≥licos y romanos. Por ejemplo, los que esperaban que Benedicto XVI criticara ‚Äúal gobierno de Rodr√≠guez Zapatero por sus diferencias con la Iglesia en varios temas‚ÄĚ, como el ‚Äúdel matrimonio entre homosexuales‚ÄĚ, sin darse cuenta de que ‚Äúprimero hay que subrayar lo positivo, lo que nos une‚ÄĚ (p√°g. 80). Qu√© puede unir a un cat√≥lico con un gobierno manifiesta y exacerbadamente anticat√≥lico, no se aclara. Pero la intenci√≥n es evidente: Zapatero tiene cosas ‚Äúpositivas‚ÄĚ que nos permitir√≠an ‚Äúel caminar juntos‚ÄĚ (p√°g. 80). Los desviados son los fundamentalistas que anhelan que el Vicario de Cristo condene a un rufi√°n y a un r√©gimen pol√≠tico en el que Sat√°n se ense√Īorea a su antojo…

¬ŅDebe extra√Īarnos? Quien puede lo m√°s puede lo menos. Criptojud√≠o, filomarxista, pro tercermundista, propagador de heterodoxias ‚ÄĒde manera formal, externa, p√ļblica y notoria‚ÄĒ

EL COLABORACIONISTA


Hemos dejado para el final la obsesión central y recurrente de este libro. Posiblemente su causa eficiente y uno de sus principales motores.

Aunque con toda deliberación no se lo menciona, el fiero y terrible replicado en El Jesuita es Horacio Verbitsky. Porque fue y es este sicario mendaz quien más lo hostilizó a Bergoglio inventándole un pasado supuestamente derechista, un presente opositor antikirchnerista y unos antecedentes o comportamientos que lo vincularían con el Proceso. En suma, para Verbitsky, el Cardenal sería culpable del mayor de los males concebibles en todos los tiempos, períodos, latitudes y esferas: no haber hecho nada a favor de los desaparecidos, convirtiéndose así en aliado de la represión militar.

A efectos de replicar esta especie ‚ÄĒque para un hombre como Bergoglio es mucho m√°s grave que si lo acusaran de calvinista, de arriano, de sacr√≠lego o de invertido‚ÄĒ lo primero que hace es comprar el paquete entero de la historia oficial elaborada por el marxismo dominante. Y demostrar, adem√°s, que el paquete comprado le merece plena confianza.

Por eso los elogios a la terrorista paraguaya, la ampl√≠sima comprensi√≥n y ninguna condena a la Bonafini y su banda comunista, las majader√≠as hacia el clero tercermundista, la aquiescencia frente a la Teolog√≠a de la Liberaci√≥n, las decenas de contemporizaciones con el marxismo, los intencionales aplausos a los ‚Äúluchadores por los derechos humanos‚ÄĚ, y la canonizaci√≥n del clero y del monjer√≠o part√≠cipes activos de la Guerra Revolucionaria. Por eso el gui√Īo constante de aprobaci√≥n para los nombres de Mugica, Angelelli, Argibay o Zaffaroni, y el llanto y rechinar de dientes para las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

En los disturbios del 20 de diciembre de 2001 ‚ÄĒcausados, sin duda, por el nefasto gobierno de De la Rua‚ÄĒ, varios polic√≠as cayeron salvajemente agredidos por la turbamulta de piqueteros que invadi√≥ la Plaza de Mayo. Uno de ellos fue literalmente linchado, sin que sus compa√Īeros pudieran rescatarlo a tiempo. Bergoglio, que observaba los tr√°gicos sucesos, s√≥lo vio lo que quiso. ‚ÄúLlam√≥ al Ministro del Interior [‚Ķ] para detener la represi√≥n [‚Ķ] al ver desde su ventana en la sede del Arzobispado c√≥mo la polic√≠a cargaba sobre una mujer‚ÄĚ (p√°g. 18). Es apenas un primer ejemplo, pero el manique√≠smo ideol√≥gico queda retratado; y el servilismo al pensamiento √ļnico tambi√©n. La polic√≠a represora es siempre malvada. Los manifestantes populares son fatalmente buenos.

‚ÄúDurante la √ļltima dictadura militar ‚ÄĒcuyas violaciones a los derechos humanos, como dijimos los obispos, tienen una gravedad mucho mayor ya que se perpetran desde el Estado‚ÄĒ hasta se lleg√≥ a hacer desaparecer a miles de personas. Si no se reconoce el mal hecho, ¬Ņno es eso un modo extremo, horripilante, de no hacerse cargo?‚ÄĚ (p√°g. 138).

Es apenas un segundo ejemplo, pero bien que representativo. El mito basal de las izquierdas es asumido √≠ntegramente por el discurso oficial del Cardenal. El ‚ÄúProceso‚ÄĚ fue una ‚Äúdictadura‚ÄĚ; el Estado Argentino fue terrorista (pero no as√≠ los Estados Cubano, Sovi√©tico y Chino que sosten√≠an la guerrilla); los desaparecidos se convierten en incuestionables seres en virtud de la inmoralidad del procedimiento que los hizo desaparecer; y el metro patr√≥n para medir la maldad de un gobierno es la violaci√≥n a los derechos humanos, concebidos ya sabemos c√≥mo: como se conciben desde la Revoluci√≥n Francesa hasta la Revoluci√≥n Bolchevique.

Esta es, pues, la obsesi√≥n hegem√≥nica de Su Eminencia. Que se lo tenga por un hombre pol√≠ticamente correct√≠simo, dep√≥sito y heraldo del pensamiento √ļnico, lo que implica, en primer lugar, haber combatido ‚Äúla Dictadura‚ÄĚ y cooperado con sus ‚Äúv√≠ctimas‚ÄĚ. Gran parte del cap√≠tulo trece esta dedicado a probarlo. ‚ÄúA m√≠ me cost√≥ verlo [se refiere al sistema represivo], hasta que me empezaron a traer gente y tuve que esconder al primero‚ÄĚ (p√°g. 141).

Su Eminencia, claro, da por sentado lo que los reporteros y el imbecilizado p√ļblico en general acepta a priori y sin condicionamientos: que el escondido era un joven idealista, perseguido injustamente por las brutales fuerzas del orden. La posibilidad de que estos escondidos, al igual que los palotinos y las monjas francesas ‚ÄĒa cada rato llorados por Bergoglio‚ÄĒ fueran activistas guerrilleros, ide√≥logos o c√≥mplices activos de la Guerra Revolucionaria que asolaba a la Naci√≥n, ni se le pasa por la cabeza. Ni siquiera ante la abundancia de constataciones que hoy permiten saberlo.

Nada le importan la verdad ni el juicio ecu√°nime sobre los hechos pasados. Su conciencia no sufre mella alguna con mirada tan unilateral y tendenciosa. Los militares eran art√≠fices de ‚Äúla paranoia de caza de brujas‚ÄĚ (p√°g. 149). Sea anatema su obrar, sin matices. Sus perseguidos, en cambio, ‚Äďcomo los dos ‚Äúdelegados obreros de militancia comunista‚ÄĚ (p√°g. 148) por los que procur√≥ interceder y rescatar- son presentados amorosamente como ‚Äúlos dos chicos‚ÄĚ de una ‚Äúviuda‚ÄĚ que ‚Äúeran lo √ļnico que ten√≠a en su vida‚ÄĚ (p√°g. 148). Inofensivos chicos los guerrilleros. Paranoicos cazadores de brujas los militares. ¬ŅSe necesita algo m√°s para insertarse en la burda dial√©ctica de la historia oficial?

Huero de toda templanza en los juicios, y asustado cuanto ansioso por demostrar que estuvo en el bando de los derechos humanos, lo que le importa a Bergoglio es cohonestar cuanto antes la versi√≥n instalada: la represi√≥n castrense fue repudiable, todo el que la padeci√≥ merece ser defendido, protegido y homenajeado por la Iglesia. Es m√°s, la Iglesia se justifica y se lava en la medida en que pueda demostrar que, durante aquellos a√Īos, estuvo del lado de los perseguidos por las Fuerzas Armadas, y tuvo sus propios ‚Äúm√°rtires‚ÄĚ causados por la soldadesca procesista.

Por eso el empe√Īo de Bergoglio en narrar con detalles c√≥mo ‚Äúen el Colegio M√°ximo de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs, en San Miguel, escond√≠ a unos cuantos‚ÄĚ (p√°g. 146), resultando ser hasta ‚Äúlos largos ejercicios espirituales‚ÄĚ en el instituto ‚Äúuna pantalla para esconder gente‚ÄĚ (p√°g. 147). C√≥mo ‚Äúluego de la muerte de Angelelli‚ÄĚ (a cuyo homenaje cuenta haber asistido) ‚Äúcobij√© en el Colegio M√°ximo a tres seminaristas de su di√≥cesis‚ÄĚ (p√°g. 146). C√≥mo sac√≥ del pa√≠s ‚Äúpor Foz de Iguaz√ļ, a un joven que era bastante parecido a m√≠, con mi c√©dula de identidad, vestido de sacerdote, con el clergyman y, de esa forma, pudo salvar su vida‚ÄĚ (p√°g. 147). C√≥mo hizo todo lo posible por liberar a ‚Äúdos delegados obreros de militancia comunista‚ÄĚ, por cuya vida le hab√≠a pedido que mediara Esther Balestrino de Careaga (p√°g. 148).

Entusiasmado por dar noticias de sus proezas a favor del partisanismo marxista, Bergoglio ni siquiera repara en que est√° confesando p√ļblicamente la comisi√≥n de delitos. Hasta que llega al punto central de su ri√Īa con el incalificable Verbitsky, y entonces jura y rejura, en largas parrafadas, (p√°gs. 148-151) que estuvo siempre del lado de Yorio y Jalics, dos de los tantos jesuitas que fungieron de apoyo ‚ÄĒintelectual y f√≠sico‚ÄĒ a los planes de la Guerra Revolucionaria.

Son páginas sin desperdicio para medir el fondo del pecado y del temor servil al que ha llegado este desventurado pastor. Su afán de mostrarse colaboracionista del Marxismo alcanza aquí a su punto culminante. Porque esta es la tragedia veraz que no podrán seguir ocultando los artesanos del lavado de cerebro colectivo.

Durante aquellos a√Īos, la patria argentina fue blanco de una guerra, declarada, conducida y financiada por el Internacionalismo Marxista, como parte del programa total de la Guerra Revolucionaria. En esa contienda, Bergoglio estuvo del lado de los enemigos de Dios y de la Patria.

Con c√°lculo preciso, y para que la delimitaci√≥n de posiciones ideol√≥gicas ya no admita vacilaciones, se le cede la palabra a Alicia Oliveira. Por si alg√ļn lector desprevenido no registrara a esta vieja militante izquierdista, los escribas nos la presentan de este modo: ‚ÄúFirmante de cientos de habeas corpus por detenciones ilegales y desapariciones durante la √ļltima dictadura, se desempe√Ī√≥ como letrada e integr√≥ la primera comisi√≥n directiva del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), una de las m√°s emblem√°ticas ONGs dedicada a luchar contra las violaciones a los derechos humanos [‚Ķ] Con la llegada de N√©stor Kirchner a la presidencia [se desempe√Ī√≥] como Representante Especial para los Derechos Humanos de la Canciller√≠a‚ÄĚ (p√°g. 152).

Y Oliveira habla. Declara su ‚Äúlarga amistad‚ÄĚ con el Cardenal ‚Äúque la terminar√≠a convirtiendo en una testigo calificada de buena parte de la actuaci√≥n de Bergoglio durante la dictadura militar‚ÄĚ (p√°g. 152). Cuenta que, dada su ostensible inserci√≥n en los planes de la guerra revolucionaria ‚ÄĒque ella llama eufem√≠sticamente ‚Äúcompromiso con los derechos humanos‚ÄĚ (p√°g. 153)‚ÄĒ el Cardenal ‚Äútem√≠a por mi vida‚ÄĚ y le ofreci√≥ el Colegio M√°ximo como aguantadero. Cuenta c√≥mo confi√≥ sus cuitas a Carmen Argibay ‚ÄĒentonces Secretaria del Juzgado de Oliveira‚ÄĒ y c√≥mo ‚Äútras la ca√≠da del gobierno de Isabel Per√≥n‚ÄĚ sus ‚Äúreuniones con Bergoglio se hicieron m√°s frecuentes‚ÄĚ (p√°g. 153). Tambi√©n sus coincidencias ideol√≥gicas sobre ‚Äúlos militares de aquella √©poca‚ÄĚ (p√°g. 154), y la necesidad de salvarles la vida a quienes ellos persegu√≠an (√≠dem).

‚ÄúYo iba con frecuencia, los domingos, a la Casa de Ejercicios de San Ignacio, y tengo presente que muchas de las comidas que se serv√≠an all√≠, eran para despedir a gente que el padre Jorge sacaba del pa√≠s [‚Ķ] Bergoglio tambi√©n lleg√≥ a ocultar una biblioteca familiar con autores marxistas‚ÄĚ (p√°g. 154).

Emocionada con los altos y muchos servicios que su amigo, el Padre Jorge, prestaba a la causa, Oliveira recuerda que no s√≥lo puso el Colegio M√°ximo al servicio del ocultamiento de los zurdos, sino la misma Universidad del Salvador, pues ‚Äúmuchos nos fuimos a resguardar all√≠‚ÄĚ (p√°g. 155). Ella, en efecto, dictaba Derecho Penal con Eugenio Zaffaroni, y ‚Äúen sus clases hablaba con libertad‚ÄĚ, analogando la ‚Äúley de ordal√≠a‚ÄĚ ‚ÄĒque ‚Äúlos alumnos me dec√≠an que eso era horroroso‚ÄĚ‚ÄĒ ‚Äúcon lo que estaba pasando en el pa√≠s‚ÄĚ (p√°g. 155).

Una an√©cdota m√°s le sirve a Oliveira para su apolog√≠a de Bergoglio. Como el sodomita Zaffaroni estaba empe√Īado en traer al pa√≠s a Charles Moyer, ex Secretario de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, al solo objeto de que fogoneara la eterna acusaci√≥n contra las Fuerzas Armadas argentinas, y encontraba obst√°culos para lograrlo, ‚Äúle pregunt√≥ a ella qu√© pod√≠an hacer para que igual viniera, pero con un motivo falso. Oliveira recuerda: ¬ę¬ŅQu√© hice? Recurr√≠, claro, a Don Jorge, que me dijo que no me preocupara. Al poco tiempo cay√≥ con una carta en la que la Universidad invitaba a Moyer a dar una charla sobre el procedimiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos [‚Ķ] A su regreso, Moyer le envi√≥ a Bergoglio una carta de agradecimiento¬Ľ‚ÄĚ (p√°g. 156).

El afecto la desborda al evocar todos estos gestos tan significativos para la causa de los marxistas, y Oliveira culmina diciendo: ‚ÄúLa verdad es que si lo hubieran elegido Papa, habr√≠a experimentado una sensaci√≥n de abandono, ya que para m√≠ es casi como un hermano y, adem√°s, los argentinos lo necesitamos‚ÄĚ (p√°g. 157).

Los ‚Äúargentinos‚ÄĚ, varones y mujeres tan bien definidos, como Argibay y Zaffaroni, sin ninguna duda. Otros√≠ la c√°fila de comunistas ‚ÄĒlaicos o cl√©rigos‚ÄĒ a quienes cobij√≥ con complicidad activa. Los argentinos de verdad y los cat√≥licos en serio, dif√≠cilmente sientan necesidad de un lobo disfrazado de cordero.

El Cardenal a√ļn no ha terminado de proferir su credo para el regocijo del mundo y de su pr√≠ncipe. ‚ÄúCreo en el hombre‚ÄĚ, declara (p√°g. 160). E interrogado sobre Kirchner, y espec√≠ficamente sobre la fama que se le ha hecho de ser un opositor a su gesti√≥n, se ocupa con diligencia de redondear su pulcra correcci√≥n pol√≠tica. ‚ÄúConsiderarme a m√≠ un opositor me parece una manifestaci√≥n de desinformaci√≥n [‚Ķ] En 2006 le mand√© [a Kirchner] una carta para invitarlo a la ceremonia de recordaci√≥n de los cinco sacerdotes y seminaristas palotinos asesinados durante la dictadura, al cumplirse treinta a√Īos de la masacre perpetrada en la Iglesia de San Patricio [‚Ķ] M√°s a√ļn, como no era una misa lo que iba a realizarse, cuando lleg√≥ a la iglesia, le ped√≠ que presidiera la ceremonia, porque siempre lo trat√©, durante su mandato, como lo que era: el presidente de la Naci√≥n‚ÄĚ (p√°gs. 114-115).

Est√° claro. Si hubiera sido por Su Eminencia, la profanaci√≥n hubiera sido doble. Rendirle homenaje a quienes coadyuvaron a los planes de la guerrilla, y hacer presidir dicho homenaje, en una parroquia, a quien a todas luces repugna de la Fe Cat√≥lica y la persigue sin hesitar. Vamos entendiendo algunas de sus palabras esparcidas en el libro: ‚ÄúMuchos curas no merecemos que la gente crea en nosotros‚ÄĚ (p√°g. 101). ‚ÄúAlgunos podr√°n aseverar: ¬ę¬°qu√© cura comunista √©ste¬Ľ!‚ÄĚ (p√°g. 106).

BERGOGLIO C√ďMPLICE: PRESIDI√ď UNA ‚ÄúMISA‚ÄĚ POR LOS PALOTINOS
palotinos
Profesor Antonio Caponnetto: El Cardenal Bergoglio no pasar√° a la historia como modelo de prudencia ni de ortodoxia.¬† No contento con haber encabezado la marcha de los Montoneros que, en una tr√°gica simbolog√≠a, trasladaron los restos del Padre Mujica (muerto en circunstancias nunca aclaradas) de un cementerio ‚Äúpaquete‚ÄĚ a otro m√°s popular (con lo que impl√≠citamente acept√≥ una variable macabra de la lucha de clases) ahora se propuso hacer de cinco sacerdotes terroristas o prototerroristas, santos; y hasta consentir que se bendiga e inaugure un monumento a su memoria, emplazado en la parroquia San Patricio.¬† Su imaginaci√≥n corre m√°s veloz que su sentido com√ļn y que su recato sacerdotal.¬† Porque √©l sabe (por m√°s que haya olvidado su eclesiolog√≠a) que los palotinos, ca√≠dos en la guerra desatada por los terroristas marxistas, no han muerto por Cristo ‚ÄĒcondici√≥n esencial para ser m√°rtires‚ÄĒ sino por la Revoluci√≥n y, tal vez, invocando al ‚ÄúChe‚ÄĚ; de manera que sus candidatos al honor de los altares no han reunido ni en su vida ni en su muerte las virtudes necesarias.
bergoglio marxista traidor
El arzobispado de Buenos Aires abrió el 8 de agosto de 2005 la causa de canonización de los cinco religiosos, por considerarlos mártires, y el 21 de septiembre  se inauguró un monumento para recordarlos en ese templo.

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Más sobre la Iglesia clandestina: La herejía Bonafiniana (28 de mayo de 2009)

Ballestrino, la Mentora Comunista de Bergoglio.

Rumbo a los atares el cardenal Pironio, al que en su patria, Argentina, llamaban ‚Äúel pir√≥mano‚ÄĚ por sus tendencias comunistas revolucionarias.¬† El inventor de las Jornadas Mundiales de la Juventud.¬† Su relaci√≥n con Romero y Bergoglio.

Roberto de Mattei: Bergoglio se ha convertido en el l√≠der mundial de la Izquierda: ‚ÄúHago m√≠o tu¬†grito‚ÄĚ.

El Wall Street Journal: Francisco es el líder de la Izquierda mundial.

Bergoglio sigue apoyando a la subversiva líder marxista, pro-gay, de argentina, Milagro Sala, acusada de los delitos de fraude al Estado, asociación ilícita y extorsión.

Idolatr√≠a: Cura villero, Pepe Di Paola promueve el culto pagano al ‚ĚõGauchito Gil‚Ěú apoyado por¬†Bergoglio.

El ‚Äúcura Pepe‚ÄĚ, protegido del Cardenal Primado.

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