Bergoglio no busca la conversión de los musulmanes para que puedan salvarse sino que los confirma en su rechazo a Cristo

Mensaje del heresiarca Bergoglio a los Emiratos Árabes: “Somos hermanos aunque seamos diferentes.

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Bergoglio nuevamente negó la necesidad de bautismo para la salvación y se burla del Evangelio de Jesucristo que nos enseña que solamente nos convertimos en hermanos por medio del bautismo.

Bergoglio no va a predicar a Cristo ni a buscar el arrepentimiento y la conversión de los musulmanes sino a confirmarlos en su rechazo a Cristo.

Agradece al jeque su invitación y a su “amigo y querido hermano” el Gran Imán de Al-Azhar, la preparación del encuentro.

La fraternidad masónica  del anticristo que niega la paternidad de Dios.

 Al-Azhar  su gran amigo y hermano que pide que maten a los musulmanes que se conviertan al Cristianismo. 
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Bergoglio violó  nuevamente el Primer Mandamiento y volvió a negar la fe católica pidiéndole a los practicantes de la falsa religión del Islam que rechazan a Cristo que ´recen´ por él.

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El heresiarca Bergoglio se obstina en promover la herejía del indiferentismo religioso razón por lo que la masonería ha sido condenada muchas veces por la Iglesia católica. Herejía que es considerada como la mayor Blasfemia, al equipara las falsas religiones inventadas por los hombres con la religión verdadera que predicó Jesucristo .

 

 

81 – ¡Recen por mí!

Catecismo Mayor de San Pío X

Las oraciones son eficaces cuando se las reza en nombre de Cristo

¿En qué nombre hemos

II – Fuera de la gracia y de la Iglesia las oraciones no son meritorias, ni eficaces, ni agradables a Dios

Catecismo Mayor de San Pío X

Los que están en pecado mortal o fuera de la Iglesia son excluidos de la comunión de los bienes espirituales

¿Entran todos los hijos de la Iglesia en esta comunión de bienes?
En la comunión de los bienes internos entran los cristianos que están en gracia de Dios;
pero los que están en pecado mortal no participan de estos bienes.
¿Por qué no participan de estos bienes los que están en pecado mortal?
Porque la gracia de Dios es la que junta a los fieles con Dios y entre sí; por esto, los que están en pecado mortal, como no tienen la gracia de Dios, son excluidos de la comunión de los bienes espirituales. […] ¿Quiénes son los que no pertenecen a la comunión de los Santos?
No pertenecen a la comunión de los santos
en la otra vida los condenados, y en ésta, los que están fuera de la verdadera Iglesia.
¿Quiénes están fuera de la verdadera Iglesia?
Está fuera de la verdadera Iglesia los infieles, los judíos, los herejes, los apóstatas, los cismáticos y los excomulgados. (Catecismo Mayor de San Pío X, 219-220; 225-226)

Catecismo Romano

Los hombres esclavos de sus culpas y apartados de la gracia de Dios no participan del fruto espiritual

Mas de tantas y tan grandes dádivas y bienes que Dios concede a toda la Iglesia, solamente gozan los que haciendo una vida verdaderamente cristiana, son justos y amados de Dios. Pero los miembros muertos, esto es, los hombres enredados de sus culpas y apartados de la gracia de Dios, aunque no están privados del beneficio de ser aun miembros de este cuerpo; mas como son miembros muertos, no perciben el fruto espiritual que llega a los virtuosos y justos. (Catecismo Romano, I, X, 26)

León X

Las excomuniones privan al hombre de las comunes oraciones espirituales de la Iglesia

[Errores de Martín Lutero] Las excomuniones son solo penas externas y no privan al hombre de las comunes oraciones espirituales de la Iglesia. […] [Censura del Sumo Pontífice] Condenamos, reprobamos y de todo punto rechazamos todos y cada uno de los antedichos artículos o errores, respectivamente, según se previene, como heréticos, escandalosos, falsos u ofensivos a los oídos piadosos o bien engañosos de las mentes sencillas, y opuestos a la verdad católica. (Denzinger-Hünermann 1473; 1492. León X. Bula Exurge Domine, 15 de junio de 1520)

Catecismo Mayor de San Pío X

Hay que estar en estado de gracia para que nuestras oraciones sean eficaces

 

¿Cuál es la primera y mejor disposición para hacer eficaces nuestras oraciones?
La primera y mejor disposición para hacer eficaces nuestras oraciones es estar en gracia de Dios o desear, al menos, ponerse en tal estado. (Catecismo Mayor de San Pío X, n. 267)

Santo Tomás de Aquino

La oración no es meritoria sin la gracia santificante

Sin la gracia santificante no es meritoria la oración, lo mismo que no lo es ningún otro acto virtuoso. Y es que aun la misma oración con que se impetra la gracia santificante procede de una cierta gracia como de don gratuito, pues incluso el mismo orar es don de Dios, como dice San Agustín en el libro De Perseverantia. (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 83, a. 15)

Catecismo de la Iglesia Católica

Si el corazón está alejado de Dios, la oración es vana

¿De dónde viene la oración del hombre? Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, las Sagradas Escrituras hablan a veces del alma o del espíritu, y con más frecuencia del corazón (más de mil veces). Es el corazón el que ora. Si este está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana. […] La oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por completo al Padre, en unión con la voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2563-2564)

San Cipriano de Cartago

Jesucristo no se complace con la oración de los cismáticos

Cuando el Señor aconsejaba la paz y la unión a sus discípulos, les decía así: “Yo os digo que si dos de vosotros se conformaren sobre la tierra, cualquier cosa que pidiereis se os otorgaré por mi Padre, que está en los cielos. Donde quiera que estuvieren congregados dos o tres en mi nombre, allí soy con ellos”. En lo que nos da a entender que no a la muchedumbre, sino a los unánimes se concede el buen despacho de sus oraciones. […] Mas ¿cómo podrá vivir de acuerdo con nadie aquel que no vive de acuerdo con la Iglesia, y con todos los hermanos? ¿Cómo podrán juntarse dos o tres en nombre de Jesucristo, después de separados de Jesucristo y de su Evangelio? No fuimos nosotros los que nos apartamos de ellos, sino que ellos fueron los que se apartaron de nosotros, cuando hicieron brotar después cismas y herejías […]. El Señor sólo habla de su Iglesia, y de los que están en ella, al decir que si fueren concordes […]. Con decir pues: “Donde quiera que estuvieren congregados dos o tres en mi nombre, allí soy con ellos”, no quiso dividir la Iglesia el que estableció y levantó la Iglesia; sólo si dio en rostro a los pérfidos con su espíritu de cizaña, y recomendó la paz a los fieles, manifestando que antes se avendría con dos o tres, los cuales orasen de conformidad, que con muchos que entre sí fuesen discordes; y que más podrían los ruegos de pocos, pero bien unidos, que los de la muchedumbre adherida a cismas y partidos. (San Cipriano de Cartago. De la unidad de la Iglesia, XII: PL 4, 508-509)

San Bernardo de Claraval

No tiene sentido la oración por los enterrados en pecado y por los excomulgados

El duodécimo grado [de la soberbia] puede ser denominado costumbre de pecar; costumbre en la que se pierde el temor de Dios y se incurre en desprecio. Dice el apóstol Juan: No digo que se ore por uno como éste. Entonces tú, apóstol, ¿quieres que se desespere? Todo lo contrario; que el que le ama, ore. No piense en orar, pero tampoco deje de llorar. ¿Qué estoy diciendo? ¿Quedará algún resquicio de esperanza allí donde la oración ya no tiene sentido? Escucha a alguien que cree y espera, pero que ya no ora: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. […] ¿Harás tú maravillas con los muertos? ¿Se alzarán las sombras para darte gracias? Y sobre el que lleva cuatro días encerrado: ¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia o tu fidelidad en el reino de la muerte? He llamado muerto a aquel que, excusando sus pecados, ha incurrido ya en el octavo grado. En efecto, un muerto, puesto que no existe, es incapaz de confesar sus pecados. Quien traspasa el umbral del décimo grado de soberbia, que es el tercero comenzando a contar por el octavo, se le expulsa de la fraternidad del monasterio y se le saca a enterrar en el sepulcro de la libertad de pecar. Después de pasar el cuarto, contando siempre a partir del octavo, se es ya cadáver de cuatro días; y al incurrir en el quinto por la costumbre de pecar, se le entierra. Consideren ellos mismos el gran peligro en que se encuentran; porque la Iglesia […] no se atreve a orar públicamente por ellos. Y el día de Viernes Santo, que ora expresamente por toda clase de pecadores, no hace mención alguna de los excomulgados. (San Bernardo de Claraval. Tratado de los grados de la humildad y del orgullo, cap. 21, n. 51-52; 55-56)

Catecismo Romano

La oración de los empedernidos en el pecado no es oída por Dios

El último grado [de la oración] es el de aquellos que no sólo no están arrepentidos de sus fechorías y maldades, sino que añadiendo pecados a pecados, con todo no se avergüenzan de pedir muchas veces a Dios perdón de los pecados, en los cuales quieren continuar, cuando en tal disposición ni aún a otro hombre osarían pedir les perdonase. La oración de estos no es oída de Dios. Porque así está escrito de Antíoco: “Hacia este malvado oración al Señor, de quien no había de alcanzar misericordia”. (Catecismo Romano, IV, III)

San Alfonso María de Ligorio

Dios no oye, ni siquiera en la hora de la muerte, al pecador obstinado
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