El arrogante Bergoglio entrevistado por el marxista Évole, pretende corregir a Santo Tomás de Aquino, en la campaña electoral

 

bergoglio haciendole el trabajo sucio a Sorosjordi marxista

Desconcertantes declaraciones de Bergoglio a Jorge Évole

La Tribuna de España

Opinión
PUBLICADO EL Lunes, 01 Abril 2019 17:36
Escrito por Milenko Bernadic

Algunos intentan justificar a Bergoglio por haber concedido la entrevista a Évole, sin saber de quién se trata. El argentino sabe perfectamente quién es cada cual, y por qué lo hace, y cuándo.

La entrevista sale a cuatro semanas de las elecciones, y defiende plenamente el planteamiento globalista de Soros y compañía. Pero nos vemos obligados a recoger el guante lanzado por Francisco en el tema de la inmigración. Dice este señor que los católicos que rechazan la inmigración deben leer el Evangelio y ser coherentes.

Pues bien, no estimado señor, vamos a explicarle precisamente por dónde se supone que un verdadero Papa debería haber hecho, partiendo de la Biblia y de las explicaciones de un Doctor de la Iglesia de la talla del “Doctor Angélico”, Santo Tomás de Aquino.

Partimos de su obra maestra, la Summa Theologica, en la primera parte de la segunda parte, la pregunta 105, el artículo 3 (I-II, P. 105, Art. 3). Allí se encuentra su análisis basado en ideas bíblicas que pueden orientar la cuestión sobre la inmigración. Estas ideas jamás perderán su validez:

Santo Tomás: “Las relaciones del hombre con los extranjeros son dobles: pacíficas y hostiles; y al tratar de ambos tipos de relación, la Ley contiene preceptos adecuados”.

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Ed., el inmigrante, por si solo, no es automáticamente “bueno” o “aceptable”. Es necesario hacer una distinción.

Y explica Santo Tomás la cuestión moral y política de la inmigración partiendo de la analogía con el ENTONCES, NO AHORA, el Pueblo de Dios, que era Israel:

“Porque a los judíos se les ofrecieron tres oportunidades de relaciones pacíficas con los extranjeros. Primero, cuando los extranjeros pasaban por sus tierras como viajeros. En segundo lugar, cuando vinieron para morar en su tierra como recién llegados. Y en ambos aspectos, la Ley colocó una amable disposición en sus preceptos: porque está escrito (Éxodo 22:21): “No molestarás al extranjero [advenam]”; y nuevamente (Éxodo 22: 9): “No molestes a un extraño [peregrino]”.

Entonces pues, los inmigrantes por un tiempo determinado, igual que transeúntes, bajo la condición de ser sus intenciones correctas y que vienen no planificando ninguna acción mala, deben ser aceptados y tratados decentemente. Es decir, se presupone “el derecho de admisión”. Tiene que ser asegurado el bien común, la integridad e identidad del país y de la nación que recibe a los allegados. En el caso siguiente, cuando un inmigrante quiere fijar residencia estable en un nuevo país, las exigencias son más complejas:

“En tercer lugar, cuando los extranjeros desean ser admitidos completamente en su sociedad y modo de culto. Con respecto a estos se observó un cierto orden. Porque no eran admitidos de inmediato a la ciudadanía: así fue ley en algunas naciones que nadie era considerado ciudadano, sino después de dos o tres generaciones, como dice el Filósofo (Polit., iii, 1).

Santo Tomás justifica este proceder, porque:

“La razón de esto es que si a los extranjeros se les permitiera entrometerse en los asuntos de una nación tan pronto como se establecieran en medio de ella, podrían ocurrir muchos peligros, ya que los extranjeros que todavía no tenían el bien común afianzado en el corazón podrían intentar algo dañino para la gente”.

Es decir, integrarse en una nueva sociedad o pueblo, no es un proceso automático que se desarrolla por si solo. Llegar a un nuevo país presupone asimilar muchas costumbres y forma de trabajo, comportamiento y saber hacer, no se trata de algo “visto y no visto”. Al faltar esa asimiliación, necesariamente se llega a los enfrentamientos y decisiones negativas que producen efectos no deseados incloso si estas no se diseñan con una intención negativa: simplemente el inmigrante todavía no es capaz de aportar al bien común de la nueva comunidad.

Por otra parte, todos los inmigrantes, según su origen de procedencia, tienen mayor o menor afinidad hacia gente autóctona. En otras palabras, no todos son iguales ni se comportan por igual, ni aportan de la misma forma hacia la sociedad que los acoge. Algunos aportan, otros “restan”, o sea: hacen daño. Esos no deben ser acogidos con el fin de salvaguardad el bien común. Santo Tomás cita las naciones más y menos favorables hacia Israel, y la justificación de la diferencia en el trato hacia unos y otros:

“Sin embargo, era posible dispensar para ser admitido a la ciudadanía a un hombre por causa de algún acto de virtud: está relatado (Judit 14: 6) que Achior, el capitán de los hijos de Amón, ‘fue aceptado en el pueblo de Israel, con toda la sucesión de su parentela”.

Hubo, por lo tanto, excepciones que se concedieron en función de las circunstancias. Sin embargo, tales excepciones no eran arbitrarias, sino que siempre tenían en mente el bien común. El ejemplo de Achior describe la ciudadanía otorgada al capitán y a sus hijos por los buenos servicios prestados a la nación.

Podemos decir, después de estos textos y advertencias de Santo Tomás – no racista, no xenófobo, sino gran santo y filósofo -, que es precisamente su sabiduría a la luz de la Escritura, explicada con pura fe y lógica, aquella capaz de aportar luz a la problemática actual de la que somos testigos; y no el pensamiento débil basado en la sensiblería con la se caracteriza nuestro tiempo de posmodernidad.

Y algunos de sus pobres falsos profetas.

Selección de los textos de Santo Tomás realizó John Horvat, director de la sociedad americana para la defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP).

 

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