Bergoglio está permitiendo las comuniones sacrílegas para adúlteros a los obispos sicilianos.

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El 4 de junio la Conferencia Episcopal Siciliana promulgó lineamientos pastorales sobre “Amoris Laetitia” que permiten a los adúlteros recibir la Santa Comunión, lo cual es contrario a las palabras del Nuevo Testamento. Los lineamientos admiten que Juan Pablo II requirió que los divorciados y vueltos a casar [civilmente] practicaran la castidad, pero afirman que esta enseñanza está ahora “distendida” (significado: abolida) por Francisco.

Según los lineamientos los adúlteros pueden ser absueltos y admitidos a la Eucaristía “aún cuando el confesor sepa que es un trastorno objetivo para la Iglesia”.

Según la doctrina católica es un pecado mortal recibir la Sagrada Comunión sin estar en estado de gracia.


Los adúlteros no irán al Cielo:

¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios. (1Cor 6, 9-10)

Concilio de Trento:

• Está excomulgado quién defiende públicamente que se puede comulgar en pecado

Can. 11. Si alguno dijere que la sola fe es preparación suficiente para recibir el sacramento de la Eucaristía [cf *1646]: sea anatema.
Y para que tan grande sacramento no sea recibido indignamente y, por ende, para muerte y condenación, el mismo santo Concilio establece y declara que aquéllos a quienes grave la conciencia de pecado mortal, por muy contritos que se consideren, deben necesariamente hacer previa confesión sacramental, habida facilidad de confesar.
Mas si alguno pretendiere enseñar, predicar o pertinazmente afirmar, o también públicamente disputando defender lo contrario, por el mismo hecho quede excomulgado [cf. *1647]. (Denzinger-Hünermann 1661. Julio III, Concilio de Trento, 13a sesión, 11 de octubre de 1551. Decreto sobre el Sacramento de la Eucaristía)

Para recibir la Eucaristía es necesario estar en estado de gracia

Ahora bien, la costumbre de la Iglesia declara ser necesaria aquella prueba por la que nadie debe acercarse a la Sagrada Eucaristía con conciencia de pecado mortal, por muy contrito que le parezca estar, sin preceder la confesión sacramental. Lo cual este santo Concilio decretó que perpetuamente debe guardarse aun por parte de aquellos sacerdotes a quienes incumbe celebrar por obligación, a condición de que no les falte facilidad de confesor. Y si, por urgir la necesidad, el sacerdote celebrare sin previa confesión, confiésese cuanto antes [v. 1138 s]. (Denzinger-Hünermann 1647. Concilio de Trento, Sesion XIII, 11 de octubre de 1551)

Catecismo Mayor San Pío  X:

358.
¿Qué nos prohíbe el primer mandamiento? – El primer mandamiento nos prohíbe la idolatría, la superstición, el sacrilegio, la herejía y cualquier otro pecado contra la religión.

494.
¿Se satisface al segundo y tercer mandamientos con una confesión o comunión sacrílegas? – Quien hiciese una confesión y comunión sacrílega no satisfaría al segundo y tercer mandamientos de la Iglesia, porque la intención de la Iglesia es que recibamos estos sacramentos para el fin que fueron instituidos, que es nuestra santificación.

Código de Derecho Canónico- Sólo la muerte puede disolver el matrimonio.

El matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano, ni por ninguna causa fuera de la muerte. (Código de Derecho Canónico, c. 1141)

Papa Pío IX

  • La familia es fruto del matrimonio, no del concubinato

Pero ningún católico ignora o puede ignorar que el matrimonio es verdadera y propiamente uno de los siete sacramentos de la ley evangélica, instituido por Cristo Señor, y que, por tanto, no puede darse el matrimonio entre los fieles sin que sea al mismo tiempo sacramento, y, consiguientemente, cualquier otra unión de hombre y mujer entre cristianos, fuera del sacramento, sea cualquiera la ley, aun la civil, en cuya virtud esté hecha, no es otra cosa que torpe y pernicioso concubinato tan encarecidamente condenado por la Iglesia; y, por tanto, el sacramento no puede nunca separarse del contrato conyugal. (Denzinger-Hünermann 2998. Pío IX, Alocución Acerbissimum vobiscum, 27 de septiembre de 1852)

 

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